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El desarrollo futuro de
la TDT tiene ante sí
unos importantes retos para
asegurar su éxito, entre
ellos: la regulación
del sector audivisual, la viabilidad
de los nuevos modelos de negocio
de los diferentes actores y
la adopción de nuevos
contenidos por parte de los
usuarios.
Juan Luis Rivero. Director de
Desarrollo de Negocio de Telco&Utilities.
Atos Origin
El final de año ha venido
a suponer el, parece que decisivo,
espaldarazo a la TDT por parte
del Gobierno, con el compromiso
de acelerar el despliegue de
esta tecnología. ¿Pero
qué es y qué supondrá
la TDT para los usuarios y con
qué retos se encontrará?
El marco regulatorio
El
sector audiovisual en España
se ha desarrollado hasta la
fecha sin un marco general que
sirviera de base a la expansión
de dicho sector. Así,
tenemos que el desarrollo de
la televisión por cable
no ha alcanzado las cotas que
se fijaron en un primer momento;
la oferta de televisión
por satélite se tuvo
que integrar; y la proliferación
de canales autonómicos
y locales vinieron a añadir
más incertidumbre a dicho
mercado, cada una con su propio
marco regulatorio.
Para afrontar este reto el Gobierno
ha prometido modificar la Ley
de Televisión Local,
la Ley General de Telecomunicaciones
y la Ley de Televisión
Privada. A las que habría
que sumar la aprobación
del Reglamento del Servicio
de Radio y Televisión
por cable para el verano del
2005.
El marco regulatorio al que
debemos de ir deberá
tener en cuenta tres ejes principales:
1. El marco jurídico
que dé seguridad a los
diferentes actores independientemente
del ámbito territorial.
2. El marco tecnológico
que asegure el uso de sistemas
abiertos que garanticen la Interoperatividad
y eliminen las posibles barreras
tecnológicas que se presenten.
3. El marco competitivo que
establezca unas relaciones claras
y precisas entre los diferentas
actores que emiten contenidos
audiovisuales (cable, satélite,
PLC, Operadores de Telecomunicaciones,
etc.) respecto a los derechos
de emisión de dichos
contenidos, exclusividades...
Dicho marco deberá tener
en cuenta la viabilidad que
con dicha regulación
les deja a los emisores de contenido
y, en general, a todos los actores
de la cadena de valor.
La viabilidad de los
modelos de negocio
La
televisión digital nos
ofrece, entre otras nuevas facilidades,
la posibilidad de recibir canales
de pago o de pagar por determinados
contenidos, bien sea por visión
o bajo demanda. Además
existe la posibilidad de dotar
a la tecnología digital
con interactividad por parte
de los televidentes, lo que
abre el mundo de la televisión
a nuevos servicios, como por
ejemplo: votaciones, selección
de finales de películas
o de series de acuerdo a la
audiencia, video juegos, Internet,
servicios bancarios, etc.
El modelo español parece
que va a optar por la gratuidad
de los contenidos emitidos por
TDT, suponiendo la parte de
programación al menos
un 80% del tiempo de emisión
y dejando para la parte de servicios
adicionales como mucho el 20%.
Se establece un tiempo mínimo
de emisión en abierto,
dejando el restante para la
posibilidad de emitir en acceso
condicional, sin mencionar si
habrá contraprestación
económica o no.
Si los ingresos de los emisores
siguen proviniendo principalmente
de la publicidad, y al existir
más canales que en la
actualidad, tenemos la misma
tarta con más comensales.
Lo que significa que los ingresos
serían menores por este
concepto a no ser que los precios
de la publicidad bajasen, cosa
más razonable, y que
nuevos anunciantes entraran
con precios más asequibles.
De esta forma, la tarta aumentaría
y seguirían tocando al
mismo trozo que en la actualidad.
Puestos en este último
caso, y al poder tener el mismo
emisor diferentes canales, los
ingresos por publicidad no cubrirían
el coste de todos los canales
en abierto. Con lo que parte
de dichos canales deberán
ser de pago, compitiendo en
contenidos con otras plataformas
existentes.
De este modo, los emisores deben
buscar otras fuentes de ingresos
para hacer viable su negocio,
pero gran parte de los nuevos
servicios adicionales que pueden
ofrecer como videojuegos, votaciones
y otros servicios personalizados,
ya se están dando por
otras compañías,
bien sea vía Internet,
operadores de telefonía
móvil o empresas de servicios
de contenido del sector móvil
o fijo con los denominados servicios
“premium”.
Con el entorno actual, los emisores
de televisión digital
tienen dos barreras de entrada:
la compra de contenidos que
resulten atractivos para que
el televidente los acepte y
pague por ellos (sin que los
derechos de emisión de
estos contenidos pertenezcan
en exclusiva a otro emisor).
Y por otro lado, la inversión
en el equipamiento necesario
para suministrar servicios adicionales,
teniendo en cuenta que parte
de estos servicios ya se están
dando en la actualidad.
Así, en el comienzo se
impone la necesidad de acuerdos
entre compañías
de distintos sectores como el
audiovisual, los operadores
de telecomunicaciones, fijos
y móviles, compañías
de servicios de contenido, etc.,
donde la televisión digital
se convierta en una forma más
de acceso a lo que será
la convergencia real de redes;
y que las empresas emisoras
en digital vayan hacia modelos
de negocio de pago por evento,
por servicio, comisión
por venta... además de
la mencionada publicidad. Modelos
que se van imponiendo, día
a día, en el entorno
multiservicios hacia el que
nos dirigimos.
Estos nuevos modelos de negocio
que se van a imponer representarán
una revolución en las
organizaciones de los emisores,
ya que deberán pasar
de un enfoque de telespectador
usuario a un enfoque de telespectador
cliente.
La adopción por
los usuarios
Aunque el Gobierno ha adelantado
el apagón analógico
a 2010, todo lo que podamos
adelantar dicho apagón
significará la liberación
de espectro para su uso por
los nuevos canales digitales.
Esto significa que la adopción
por parte de los usuarios de
dicha tecnología digital
se debe acelerar para que esto
ocurra.
Si tenemos en cuenta que la
penetración de la televisión
por cable o por satélite
no es excesiva, esto nos llevaría
a preguntarnos qué puede
motivar a los usuarios a adoptar
antes del 2010 dicha tecnología.
Esta pregunta tiene difícil
respuesta.
Aunque ciertos sectores están
insinuando la posibilidad de
que el Gobierno subvencione
de alguna forma los decodificadores,
creo que esto no resolvería
el reto y entraría en
colisión con otros sectores
que no han sido subvencionados,
ni lo son en la actualidad.
Pensemos en el apagón
de la telefonía móvil
analógica, donde las
propias empresas “motivaron”
a los últimos usuarios
de MoviLine para que acogieran
la era digital. Pensemos en
el cable o en el satélite,
donde los decodificadores se
alquilan, pero no se subvencionan.
O pensemos en Internet, donde
los ordenadores se financian,
pero no se subvencionan.
Pienso que la adopción
temprana de la tecnología
TDT por parte de los usuarios
debe venir más por contenido
y calidad, que por subvenciones.
Es decir, que el usuario perciba
valor para el cambio con una
oferta más completa.
Y por otra parte, también
ayudaría a este despliegue
la estandarización de
equipos, la adopción
de tecnologías abiertas.
De esta manera, muchos fabricantes
podrían participar de
su fabricación, lo que
permitiría reducir los
costes y el precio de venta
tanto de decodificadores, como
de televisiones.
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