Las
nuevas normativas imponen nuevos
procesos para el tratamiento
de residuos de RAEE (aparatos
eléctricos y electrónicos,
sus materiales, componentes,
consumibles y subconjuntos que
los componen, procedentes tanto
de hogares particulares como
de usos profesionales, a partir
del momento en que pasan a ser
residuos).
De cómo deben asumirla
los productores, distribuidores,
instaladores y usuarios finales
de estos productos, fue el tema
principal que trató recientemente
la Fundación Electrotécnica
Catalana (FEC).
Con
la nueva legislación
del 25 de febrero (RD/208/2005)
-que entró en vigor el
pasado 13 de agosto- se pretende
reducir la cantidad de residuos
en los aparatos eléctricos
y electrónicos, que afecta
a los grandes y pequeños
electrodomésticos, equipos
de informática y telecomunicaciones,
aparatos electrónicos
de consumo, aparatos de alumbrado,
herramientas eléctricas
y electrónicas, juguetes
o equipo deportivos y de tiempo
libre, etc.
A su vez, esta normativa afecta
a productores, distribuidores,
instaladores y usuarios. Y fue
en la conferencia organizada
por la FEC, donde se definieron
las obligaciones de cada uno
de estos actores:
¿Qué
debe hacer el productor?
Se considera productor, toda
“persona física
o jurídica que fabrica
y vende aparatos eléctricos
y electrónicos (AEE)
con marcas propias, pone en
el mercado con marcas propias
los aparatos fabricados por
terceros y los que los importan
de o exportan a terceros países”.
En cuanto a sus obligaciones
de cara a la nueva legislación:
diseñar todos sus productos
de forma que no contengan productos
contaminantes; diseñar
y producir los aparatos de forma
que se facilite su desmontaje,
reparación, reutilización
y reciclaje; proporcionar a
los gestores de RAEE-s la información
para el desmontaje que permita
la identificación de
los distintos componentes y
materiales; informar al usuario
sobre los criterios para una
correcta gestión ambiental
de los RAEE-s, los sistemas
de devolución y su gratuidad
y su recogida selectiva; establecer
sistemas para la recogida selectiva
de RAEE-s que no procedan de
hogares particulares y para
que sean transportados a los
centros de tratamiento autorizados;
recoger con periodicidad y trasladar
los RAEE-s a las instalaciones
autorizadas desde los distribuidores
o desde las instalaciones municipales;
llevar la gestión de
forma individualizada o participando
en un sistema integrado de gestión,
y financiar los costes de esta
gestión para todos los
AEE-s de su marca que pongan
en el mercado a partir del 13/08/05;
estos costes no serán
mostrados a los consumidores
de manera separada en el momento
de la venta.
Indistintamente deberá
cumplir los objetivos de recogida,
valorización, reutilización
y reciclado antes del 31 de
diciembre de 2006 que marca
la ley en su artículo
9.
El productor deberá también
declarar a la comunidad autónoma
donde esté ubicada su
sede social y al Registro de
establecimientos industriales
de ámbito estatal (REI)
(Ministerio de Industria) la
condición de productor.
Cada tres meses el Registro
comunicará a cada productor
la cuota de mercado que le corresponde,
por tipo de aparato. La cuota
se calcula en base a los datos
aportados por cada productor
en el trimestre anterior. Además,
tendrá que marcar todos
los aparatos que han sido puestos
en el mercado después
del 13 de agosto de 2005 y remitir
al órgano competente
los diferentes datos sobre los
aparatos puestos en el mercado.
Gestión de los RAEE puestos
en el mercado antes del 13 de
agosto de 2005: si los RAEE
proceden de hogares particulares
y se recogen en las instalaciones
establecidas, de forma colectiva
por todos los productores, los
costes de gestión los
financia el productor en proporción
a su cuota de mercado por tipo
de aparato en el momento que
se produzcan.
Gestión de los RAEE-s
puestos en el mercado antes
del 13 de agosto de 2005: si
los RAEE no proceden de hogares
particulares y los AEE se sustituyen
por otros nuevos equivalentes,
el coste de la gestión
también la asume el productor,
cuando lo suministre.
El productor deberá informar
a los usuarios sobre la repercusión
en su precio final de los costes
de gestión de los AEE
existentes en el mercado antes
del 13/08/05, cuando pasen a
ser residuo. Esta información
deberá especificarse
en la factura.
Obligaciones del distribuidor
El distribuidor de AEE es aquél
que suministra AEE, en condiciones
comerciales a otra persona o
entidad que sea usuario final
del producto. Sus obligaciones
pasan por: recepcionar temporalmente
los AEE (tras un acto de compra
de otro producto) y aceptar
los equipos sustituidos en el
momento de la venta de equipos
nuevos (sea cual sea su marca).
Los productores y distribuidores
podrán pactar la forma
y las condiciones de recepción
y recogida.
Asimismo, debe comercializar
los AEE teniendo a sus fabricantes
registrados como productores,
o bien registrarse ellos mismos
por aquellos productores no
dados de alta.
También tendrá
que trasladar los RAEE por él
recogidos a los centros de recogida
para que sean almacenados de
manera temporal hasta que los
recojan los productores.
Instalador y usuario
El instalador deberá
participar en la desinstalación
de algunos tipos de AEE y devolver
-como usuario o como un representante
del usuario final- los equipos
que sustituyen en su actividad
profesional.
Al usuario, por su parte, le
corresponde entregar el AEE
cuando se deshaga de él,
para una correcta gestión.
La entrega será sin coste
para el poseedor.
Si adquiere un nuevo producto
(de tipo equivalente, o que
haga las mismas funciones) podrá
entregarlo en el acto de compra
al distribuidor.
Tensiones
en la industria
Fue ya en el año
1989 cuando Naciones Unidas
firmó un tratado
con el que pretendía
limitar los daños
causados por los residuos
electrónicos. Todos
los países del primer
mundo suscribieron este
acuerdo, excepto Estados
Unidos, que desecha cada
año dos millones
de toneladas de estos productos,
entre ellos cincuenta millones
de ordenadores y 130 millones
de teléfonos móviles.
Según previsiones
de la Asociación
Internacional de Reciclaje
Electrónico, si la
tendencia no cambia el país
norteamericano descartará
cuatrocientos millones de
aparatos en 2010.
Una de las razones por las
que EEUU no logra desarrollar
un plan en este sector (a
diferencia de la UE, que
ya ha prohibido la venta
de productos electrónicos
con determinadas toxinas
a partir de 2006), es que
el reciclaje es caro y las
empresas aún no han
acordado cómo hacer
frente al nuevo tratamiento
del material tóxico.
En España, una parte
del sector eléctrico
y electrónico se
ha manifestado en contra
del Real Decreto de Transposición
de la Directiva sobre Gestión
de Residuos, al interpretar
que esta normativa tendría
un “impacto negativo
sobre la economía
española y el futuro
de la industria”:
“La industria no puede
soportar los costes de la
recogida domiciliaria de
los residuos de aparatos
eléctricos y electrónicos
como se pretende (...) Para
el sector, una medida de
este tipo supondrá
unos altos costes de gestión
y mayores precios de los
aparatos eléctricos
y electrónicos vendidos
en España, que pueden
ver aumentado su precio
entre un 5 y un 15% de media,
aunque en el caso de los
tubos fluorescentes este
incremento puede alcanzar
hasta el 81%. Este aumento
de precio, que repercutirá
en el cliente final, provocará
que los productos españoles
resulten menos competitivos,
lo que obligará a
una reestructuración
del sector, con un alto
riesgo de deslocalización
de actividades y la pérdida
de puestos de trabajo”.
Salud y medioambiente
Los materiales tóxicos
presentes en los productos
informáticos -según
se puso de manifiesto, entre
otros, en la conferencia
bianual de Apple, celebrada
el mes de julio pasado-
dañan a los trabajadores
que los manipulan y contaminan
el medioambiente.
La asociación ecologista
Greenpeace, por su parte,
ha alertado de la presencia
(hasta de un 30%) de compuestos
ignífugos a base
de bromo. Este material
está presente en
teléfonos móviles,
ordenadores y otros productos
electrónicos; y es
neurotóxico al producir
disfunciones en la memoria,
en la glándula tiroides
y en los sistemas hormonales
tras una larga exposición.
Unas 1.000 toneladas de
este compuesto fueron necesarias
para fabricar los 674 millones
de teléfonos móviles
manufacturados en el mundo
en 2004. |
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