Los conocimientos de audio ejercen
una profunda fascinación
tanto en los círculos
profesionales como en aficionados.
El trabajo de instalación
es esencialmente sencillo, pero
construir un circuito fiable
y de calidad es una tarea sorprendentemente
compleja que implica unos conocimientos
e ideas básicas de las
que aquí seleccionamos
algunas.
Alfredo Borque Palacín
Es importante considerar las
propiedades del aparato auditivo
humano. Contrariamente a la
impresión que se desprende
de las opiniones de algunos
técnicos, los cuales
reclaman constantemente una
mayor investigación psicoacústica,
la cantidad de información
científica de que se
dispone sobre esta materia es
abundante y exhaustiva. Una
parte importante se puede resumir
en los siguientes puntos:
• El incremento menor
en amplitud que puede ser detectado
es de unos 0,3 dB para tonos
puros. En situaciones más
realistas fluctúa entre
0,5 y 1dB; lo que representa
un cambio aproximado de un 10%.
• El cambio más
pequeño detectable en
el tono, en la banda de 500
Hz-2KHz, es de un 2% aproximadamente.
En términos porcentuales,
este parámetro es el
que más afecta a la sensibilidad
del sistema auditivo.
• Se hace difícil
determinar la cantidad mínima
detectable de distorsión
armónica, debido al número
elevado de variables que intervienen
en su determinación;
en particular, una variación
continua del nivel de música
implica que el nivel de distorsión
introducida varíe también
dinámicamente. En el
caso de que estén presentes
mayoritariamente los armónicos
de orden bajo, la cantidad mínima
detectable es de un 1%, aunque
los efectos de cruce pueden
rebajar este límite hasta
un 0,3% o incluso menos. No
hay ningún tipo de evidencia
que nos asegure que un amplificador
que produzca un 0,001% de distorsión
suene más nítidamente
que otro que dé un 0,005%.
Es de todos sabido que las medidas
de distorsión, cuando
se forman usando un analizador
del tipo de banda estrecha,
son de poca ayuda en la predicación
del deterioro subjetivo producido
por un recorrido de audio imperfecto.
Con la música, los efectos
de intermodulación son
más importantes que los
producidos por los armónicos.
No obstante, el análisis
de la distorsión tiene
una característica que
no poseen las demás pruebas,
y es que la simple inspección
visual de la distorsión
residual proporciona al observador
experimentado una considerable
información acerca de
cuál puede ser la causa
que origina la no linealidad
observada. Existen otros muchos
tipos de pruebas, que por una
parte dan poca información,
pero por otra examinan de una
vez todo el ancho de banda de
audio y se correlacionan bien
con las pruebas, efectuadas
correctamente, de deterioro
subjetivo por distorsión.
Merece más atención
de la que ha recibido hasta
ahora el análisis de
intermodulación, cuyo
principio de funcionamiento
se muestra en la figura 1.
Una de las objeciones que a
menudo se hacen a los análisis
de la distorsión es que
sus resultados no permiten asegurar
que no existan no linealidades
a un nivel muy bajo, es decir,
una especie de distorsión
de microcruce.
Un método desarrollado
permite la medición de
la distorsión por debajo
del 0,01% a 200 microvoltios
eficaces, y es de aplicación
a condensadores electrolíticos,
conectores de cualquier procedencia
y cables de cualquier longitud,
con o sin pretendidas propiedades
mágicas. El método
requirió un diseño
con ruido ultra bajo, EIN= -150dBv
para una resistencia de fuente
de 10 Ohmios, y una distorsión
muy reducida. En la figura 2
se muestra el método
de medición, consistente
en el uso de un atenuador con
una resistencia de valor muy
pequeño, para reducir
la señal de entrada,
manteniendo así al mínimo
el ruido.
• La diafonía puede
degradar la separación
estereofónica, pero solamente
se detectará si está
por encima de los 20 dB, lo
cual a su vez implicaría
que el amplificador que estamos
analizando es de muy baja calidad.
• La fase y el tiempo
de propagación han sido
tema de disputa durante mucho
tiempo; estos efectos son percibidos
si tienen una envergadura suficiente;
si se diseñara un amplificador
tan descabelladamente como para
que produjera la mitad de la
parte superior del espectro
de audio tres horas después
de la parte inferior, no habría
lugar a ningún tipo de
discusión. Dicho en términos
más prácticos,
la preocupación por los
problemas de fase se ha centrado
en los altavoces y sus filtros,
ya que parece ser que son los
únicos elementos en los
que se puede producir una variación
en la fase sin que exista un
cambio en la respuesta en frecuencia
que lo delate. Parece que un
filtro de tipo pasa todo (un
filtro pasa todo produce una
variación de fase que
es dependiente de la frecuencia,
pero sin cambio de nivel) de
segundo orden es audible, mientras
que las recomendaciones afirman
justamente lo contrario, y la
verdad sobre esta cuestión
es todavía desconocida.
Esta controversia carece de
importancia en el diseño
de amplificadores, ya que realizar
un circuito en el que accidentalmente
se incluyera un filtro pasa
todo sería considerado
como un hecho de la más
alta incompetencia. Sin él,
la respuesta en fase de un amplificador
está completamente determinada
por la respuesta en frecuencia
del mismo, y viceversa; este
hecho se conoce en la teoría
de control de sistemas como
la segunda ley de Bode (que
debería ser más
conocida en el mundo del sonido).
Un amplificador bien diseñado
tiene los puntos de respuesta
de atenuación no muy
alejados de la parte exterior
de la banda de audio, y estos
conllevan los correspondiente
desplazamientos de fase; no
hay evidencia alguna de que
dichos cambios sean perceptibles.
El concepto del oído
que se desprende del campo de
la psicoacústica y de
los relacionados con él
no es precisamente el de un
instrumento de precisión.
Impresiona mucho más
su extrema sensibilidad, su
capacidad direccional y su rango
dinámico, que su habilidad
para medir pequeños cambios
de nivel o detectar señales
de bajo nivel correlacionadas,
como los armónicos de
distorsión. No nos debe
sorprender, desde un punto de
vista evolutivo, las funciones
del sistema auditivo son las
de alertarnos sobre un peligro
cercano (para lograrlo, los
factores más importantes
que intervienen son: la sensibilidad
y la radiogoniometría)
y el habla. En la percepción
del habla, la identificación
de los formante (las bandas
de armónicos producidas
por la excitación y pulsaciones
de las cuerdas vocales, selectivamente
enfatizadas por las resonancias
de la región vocal) y
la discriminación vocal/consonante
son de una importancia infinitamente
mayor que cualquiera de los
parámetros que intervienen
en el sonido. Presumiblemente,
la existencia de la música
como fuente de placer sea un
efecto lateral, puramente accidental,
consecuencia de la notable potencia
de percepción del habla:
la forma en que actúa,
directamente sobre nuestros
sentimientos, permanece en el
más profundo de los misterios.
En la práctica comercial,
la potencia de salida de una
cadena de sonido la decide el
departamento de marketing. En
el caso de que el usuario decida
darse la satisfacción
de escogerla, debe pensarlo
cuidadosamente, puesto que la
potencia de salida genera un
poderosos efecto no lineal en
el precio.
A medida que la potencia de
salida crece, se llega a un
punto en que los dispositivos
simples de salida no pueden
sostener la disipación
térmica; en ese momento
se necesitan pares en paralelo,
haciendo que el precio se dispare.
Similarmente, los laminados
de los semiconductores vienen
en formatos estándar,
por lo que el tamaño
y el coste del transformador
crecen a saltos.
Las potencias de salida de los
amplificadores de sonido domésticos
están comprendidas normalmente
entre los 20W y los 150W para
8 ohmios, aunque poseen una
dispersión de potencia
mucho más alta. Los amplificadores
de potencia van desde los 50W,
para propósitos de retorno,
por ejemplo, el sonido que el
músico oye realmente
para controlar el volumen de
su interpretación, conocido
como monitorización de
escenario y opuesto al que consiste
en lanzar el sonido proveniente
de los bloques principales de
amplificación de potencia,
hasta 1Kw o más. Los
amplificadores de muy alta potencia
no son muy populares, en parte
por razones económicas,
y en parte por motivos de fiabilidad,
ya que un fallo puede tener
consecuencias desastrosas. Este
rechazo viene además
reforzado por la creencia casi
universal, pero no probada estadísticamente,
de que los amplificadores de
alta potencia de estado sólido
son intrínsecamente menos
fiables que los otros.
Si un amplificador da una salida
determinada sobre una carga
de 8 ohmios, al actuar sobre
una carga de 4 ohmios no dará
exactamente el doble; de hecho
probablemente será mucho
menos del doble, debido al aumento
de las pérdidas resistivas
que tienen lugar cuando se opera
sobre 4 ohmios, y a la forma
en que la potencia cambia con
el cuadrado de la tensión.
Típicamente, de un amplificador
que diera 130 W sobre 8 ohmios,
podría esperarse obtener
260 W sobre 4 ohmios y 350 W
sobre 2 ohmios, si es que se
puede excitar una resistencia
tan baja.
Los altavoces de 8 ohmios nominales
son los más utilizados
en las aplicaciones de sonido.
El adjetivo nominal se debe
al hecho de que todos los altavoces,
especialmente los de tipo multielemento,
se caracterizan por los cambios
notables en la impedancia de
entrada con la frecuencia, y
solo son puramente resistivos
a escasas frecuencias puntuales.
De los altavoces de 8 ohmios
nominales puede esperarse que
caigan hasta 6 ohmios en algunas
partes del espectro de audio;
para superar este hecho, la
mayoría de amplificadores
están diseñados
para cargas comprendidas entre
4 y 8 ohmios.
La respuesta en frecuencia es
un tema que se puede tratar
muy escuetamente: el mínimo
es de 20 Hz a 20 KHz, con +/-0,5
dB, y en el caso de los amplificadores
de estado sólido no debe
sobrepasarse nunca.
El ruido tiene que ser lo más
bajo posible, sin que para ello
se comprometan otros parámetros.
Con la distorsión, una
vez más podemos aplicar
una regla muy simple: tan pequeña
como sea posible, sin que ello
dañe otros elementos.
Hoy en día es habitual
que el audio digital entregue
la señal con menos del
0,002% de distorsión,
y se puede garantizar que los
diseñadores de consolas
analógicas trabajan para
mantener la distorsión
en las largas y completas trayectorias
de señal por debajo de
estos niveles.
El factor de amortiguamiento
de un amplificador se define
como la relación entre
la impedancia de carga y la
resistencia de salida del amplificador:
Factor de amortiguamiento =
Rcarga/Rsalida
Típicamente, un amplificador
de estado sólido presenta
una resistencia de salida del
orden de 0,05 ohmios, osea que
cuando excita un altavoz de
8 ohmios, el factor de amortiguamiento
que obtenemos es de 160. Esta
definición es un poco
simple, al ignorar el hecho
de que la impedancia de salida
del amplificador varía
bastante a lo largo de la banda
de audio, aumentando con la
frecuencia a medida que el factor
de realimentación desciende;
esto nos indica que la resistencia
de salida se comporta más
bien como una reactancia inductiva.
Un equipo de audio es de tanta
calidad como sean sus altavoces
o cajas acústicas; éstas
son la clave de una buena reproducción
del sonido. La instalación
o la mejor situación
de las cajas acústicas
es fruto, en cada caso, de diferentes
pruebas que se deben llevar
a cabo hasta encontrar la posición
de mayor calidad de sonido.
Son muchos los factores que
intervienen, y cada recinto
requiere distintas posiciones.
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