
Carlos Unzo. División
Electrónica de Inycom
El desarrollo tecnológico
de los últimos tiempos,
ha introducido en el campo de
la instrumentación electrónica
un nuevo concepto o atributo
propio de la naturaleza humana:
la inteligencia.
Entendemos por instrumentación
inteligente aquélla capaz
de modificar su comportamiento,
tomando ciertas decisiones (en
algunos casos hasta en tiempo
real) en función de diversos
valores de entrada o datos recogidos.
En contraposición, la
instrumentación tradicional
se limita a recoger datos, sin
que éstos puedan ser
interpretados y, por supuesto,
sin que se produzcan modificaciones
de comportamiento en función
de ellos. Así pues, el
proceso de trabajo habitual
con este tipo de sensores es
la recogida de datos, la interpretación
de los mismos por parte del
investigador y la posterior
modificación “manual”
del sensor en función
de los resultados obtenidos.
Para poder ser considerado inteligente,
cualquier instrumentación
deberá cumplir, entre
otras, las siguientes premisas:
• Elegir automáticamente
el rango y algoritmos de trabajo.
• Mejorar la precisión
en la medida y autocorregir
errores (ajuste automático
de cero, compensación
de fallos por causas ambientales
o por la variación de
las condiciones del proceso
a medir) e incluso autoaprendizaje.
• Deberá de tener
capacidad de comunicación
(sea por cable o wireless).
Prevención de
fallos en cascada
La utilización de sensores
inteligentes facilita, entre
otras cosas, la prevención
de fallos en cascada en procesos
largos que incluyen gran número
de elementos. En este tipo de
procesos, un error de medición
o una simple variación
de las condiciones de trabajo
(un cambio de temperatura ambiente
o una sobretensión, por
ejemplo) puede generar una lectura
errónea de los datos,
equivocación que arrastraremos
a todos los elementos posteriores
del proceso, desvirtuando los
resultados finales.
Los sensores tradicionales,
a diferencia de los inteligentes,
no son capaces de detectar estas
situaciones, y mucho menos corregir
o compensar las medidas.
Dentro de la instrumentación
destacamos las siguientes tipologías:
1. Los smart-sensors (sensores
inteligentes) son sensores con
capacidad de instrumentación.
Se trata de microinstrumentos
autónomos o casi-autónomos
con comunicación con
otros elementos o instrumentos.
En general, el esquema de un
smart-sensor incluye el sensor
encargado de realizar la toma
de datos, al que se le acopla
un acondicionador de señal
(transformando nuestra entrada
en una señal eléctrica
y adecuándola a unos
valores dados mediante amplificación,
atenuación, filtraje
o aislamiento) para más
tarde, mediante un conversor
analógico-digital, transformar
nuestra señal y trabajar
con ella. Esta es la parte que
funciona a modo de transductor.
Sobre esa señal ya convertida,
aplicamos los algoritmos de
toma de decisiones (el verdadero
corazón del smart-sensor)
para posteriormente almacenar
los valores obtenidos o presentarlos
de forma local al usuario. Además,
mediante un bus de comunicación,
podemos enviar esa señal
procesada a más usuarios
para que sea observada y tener
la posibilidad de monitorizarla
en tiempo real.
2. Por otro lado encontramos
lo que se conoce como Instrumentación
virtual, que tiene la capacidad
de recrear un entorno virtual
de medida y adaptarlo a las
necesidades del usuario, aprovechando
el bajo coste y la versatilidad
de los recursos informáticos
actuales.
La instrumentación virtual
proporciona una arquitectura
abierta, aporta la capacidad
de definición por parte
del usuario. En la instrumentación
virtual la funcionalidad, características,
interface y apariencia pueden
ser cambiados, ya que en el
fondo no se trata más
que de modificar el software
del dispositivo, a diferencia
de la instrumentación
tradicional, que nos viene “cerrada”
y definida por el fabricante,
impidiendo que el usuario lo
pueda adaptar a sus gustos y
necesidades.
Los tres elementos clave para
la construcción de un
instrumento virtual son una
tarjeta de adquisición
de datos (para la entrada de
las variables que queremos medir),
un ordenador personal (donde
almacenaremos y procesaremos
esos datos) y, sobre todo, el
software que controlará
la adquisición y el procesado,
que además es lo que
define al instrumento virtual
en sí mismo.
3. Por último tenemos
la emergente tecnología
del Wireless Sensor Networking
(WSN ó Redes Inalámbricas
de Sensores). Esta tecnología
se basa en la utilización
de multitud de sensores de sencillo
funcionamiento (y bajo coste),
unidos entre sí y a un
nodo central que se encarga
de la recogida de datos, interpretación
y proceso de los mismos, y la
toma de decisiones en función
de esos valores recogidos. Los
sensores pueden actuar incluso
como repetidores de la señal
de otros sensores más
alejados del nodo central.
La sustitución de sensores
tradicionales por éstos
(más sencillos pero más
numerosos), generalmente simplifica
bastante la infraestructura
necesaria de instalación,
además de abaratar costes
y añadir un factor de
modularidad que puede suponer
muchas ventajas (como, por ejemplo,
la no paralización del
sistema ante la avería
de uno de esos elementos).
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| Postgrado
en Instrumentación
Inteligente en la Universidad
de Zaragoza
La Facultad de Ciencias
de la Universidad de Zaragoza
imparte por tercer año
consecutivo el postgrado
en Microsistemas e Instrumentación
inteligente. Éste
está orientado
a diplomados y licenciados
interesados en el emergente
campo de la instrumentación
inteligente.
Para recabar más
información sobre
el tema pueden dirigirse
a la página web:
http://wzar.unizar.es/servicios/epropios/oferta/161.html
o bien contactar en
el correo uelec@unizar.es
con Santiago Celma Pueyo,
director del Postgrado
y profesor titular del
Área de Electrónica
de la Facultad de Ciencias
de la universidad de Zaragoza.
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Buenas perspectivas
strumentación inteligente
es un área con mucho
futuro por delante. Probablemente
no llegue a sustituir por completo
a la instrumentación
tradicional, pero tampoco es
esa su intención. Ambos
tipos de arquitectura coexistirán,
cada una con sus ventajas e
inconvenientes, con sus áreas
de aplicación y sus diferentes
formas de afrontar una misma
situación.
Quizá las tendencias
informáticas que se manejan
como soluciones de futuro (computación
distribuida, clustering, computación
cuántica, etc.) hagan
que la instrumentación
inteligente dé otro salto
cualitativo, tan grande o incluso
mayor al que hemos vivido en
los últimos años.
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